25/9/15

¿Sueñan los androides con tareas domésticas?

Buenas salenas, gentes! Como estoy en el horno, les dejo este relato que escribí hace tiempo para un concurso en el que salí finalista. Es uno de mis favoritos, espero que lo disfruten!

Cómo terminé en medio de una pelea a muerte con un robot humanoide es algo difícil de creer, incluso para mí. Pero eso fue exactamente lo que pasó.

Un día, al volver del trabajo, abrí la puerta de casa, ¿y qué veo? Una chica de un metro y medio de alto más o menos, muy bien formada aunque de contextura pequeña, vestida con ropa mía de entrecasa. Tenía el cabello rubio claro, lacio, largo hasta la cintura; los ojos, cerrados, y el rostro, inexpresivo. Era hermosa, pero no pude evitar sentir un escalofrío.

Referencia inevitable I

            Un movimiento detrás de ella me hizo saber que Bruno, mi marido, estaba haciéndole algo; tan concentrado, que ni se había percatado de mi llegada. Carraspeé un poco y hablé.

            —¿Y esto?
            Asomó la cabeza por un costado, alegre como un chico el día de su cumpleaños.      
            —¡Llegaste antes! Estaba terminando de configurarla. ¿Te gusta?
            —¿Qué es esto?
            Se enderezó, puso la mano en el hombro de la cosa ésa, fuera lo que fuera, y dijo:
            —¿Te acordás cuando dijiste que querías que alguien te ayudara con las cosas de la casa?  
—Sí, pero con “alguien” me refería a vos… 
Sin prestarme la más mínima atención, dio un paso hacia atrás, estiró los brazos abriendo las manos hacia el robot y dijo:
            —Taráaaaaan!! ¿Qué te parece?

 Con tal de no lavar los platos es capaz de cualquier cosa, pensé, aunque sabía que igual habría terminado construyendo algo por el estilo tarde o temprano. Yo sólo le había dado la excusa. Y mejor uno pequeño y constructivo, que uno gigante que destruya todo el barrio. No quise parecer desagradecida, así que traté de ocultar mi consternación lo mejor que pude. Después de todo, quién sabe los años que le había llevado. Di una vuelta alrededor del robot, y vi que en una muñeca tenía escrito R.O.B.O.T.I.N.A. # 5.

Referencia inevitable II
  
—Es muy bonita, amor… ¿Qué significa la sigla?
Robot Ogareño Blindado Omnímodo Transformable Inteligente Naturalmente Adaptable. Es la quinta versión. El primer prototipo totalmente funcional.
Volví a mirarla, tratando de alegrarme.
 —Muy, muy linda… Pero “hogareño” va con hache, amor.

            Le levantó un mechón de cabello detrás de la oreja izquierda y presionó un botón. El robot se enderezó y comenzó a mover las articulaciones. Habría pasado por una persona real de no haber sido por el ligero chirrido de los servos. 
 
—Los muchachos de la fábrica me ayudaron a construirla: el Chino hizo toda la parte de diseño y el Flaco programó la inteligencia artificial. Yo solo habría tardado el doble de tiempo. Igual, lo más difícil fue mantenerlo en secreto para que no te enteraras. A que es el mejor regalo sorpresa del mundo, ¿no?

El robot abrió los ojos y habló:
—Di-ga-la-de-no-mi-na-ción.

Una voz femenina muy suave, sin ningún tipo de inflexión. El cabello de la nuca se me erizó. Sus ojos miraban más allá de mí con una inquietante expresión de vacío. Me sentí transparente. 

—Quiere que le des un nombre, Ana.
Durante unos instantes, permanecí de pie en la sala, con el bolso en la mano y la campera todavía puesta mientras Bruno esperaba mi respuesta. Pero mi mente, para variar, iba atrasada en la conversación.

—Pará, ¿dijiste “inteligencia artificial”?
—Sí, aprende y se adapta re fácil, podría hacer los mandados si quisieras.
Pero yo tenía suficiente ciencia ficción encima como para saber que tal cosa sólo podía terminar mal.

—¿Pero vos estás loco? –No aprendió nada viendo Matrix, pensé. —¿No te acordás de que el Flaco contó que sus I.A. hacían cosas raras? Vos mismo decías que…
—No te preocupes, me dijo que corrigió todo eso; ahora es perfectamente segura. –agregó, señalando al robot. Lo miraba con tanto cariño que era casi conmovedor. Como si no tuviera una hija ya, pensé. 

—Dale, ponele un nombre  –volvió a decir.
Ahora tenía otra, pero nacida de su cabeza.
—Minerva.
—Más horrible no se te ocurrió, ¿no?
—Mi-ner-va. Di-ga-su-de-no-mi-na-ción.
—Ana.
—A-na.

A la larga me acostumbré y llegué a pensar que el Flaco tenía razón. Minerva era dócil y eficiente, y aprendía muy rápido. En un mes limpiaba, lavaba y ordenaba exactamente como yo le había enseñado, e incluso mejor. Y como tenía las piernas y los brazos extensibles, adopté la costumbre de pedirle que me alcanzara las cosas en lugar de subirme a las sillas. Pronto olvidé mis aprensiones del comienzo, más que nada por el hecho de que tenía más tiempo para dedicarle a Zoe, al trabajo, al jardín, a mis amigas... Bruno también se vio beneficiado, pues a menudo se la llevaba al taller para que lo ayudara en sus proyectos, y siempre decía que era la asistente ideal. Incluso Zoe la había aceptado como niñera las pocas veces que la dejábamos con ella.

Pronto se convirtió en un miembro más de la familia.


No sé cuándo comencé a pensar que pasaba algo raro. Quizás fue una acumulación gradual de detalles que de pronto se hicieron notar, o sólo se le había quemado un circuito de un día para el otro. El caso es que de repente me obsesionaba la idea de que Minerva me odiaba. Me parecía que hacía de mala gana lo que yo le pedía. A veces se me ocurría que pasaba demasiado tiempo con Bruno. Me puse paranoica. Comencé a vigilarla constantemente, revisaba lo que hacía, buscaba cualquier excusa para salir de la casa con tal de no quedarme sola con ella. 

Traté de tranquilizarme; me dije que era sólo mi imaginación, que había leído demasiados cuentos de Asimov, pero no sirvió de nada. Por supuesto que cuando le comuniqué mis inquietudes a Bruno, no me creyó. “Vos y tus cuentos apocalípticos”, me decía, “Es perfectamente segura.” Pero no llegaba a convencerme. 

Hasta que una vez abrí los ojos a mitad de la noche y la vi de pie, de mi lado de la cama, observándome, si es que puede decirse tal cosa. Creo que desperté a toda la cuadra con el grito que di. Tuve un ataque de nervios, de modo que Bruno se la llevó al taller y la desactivó. Volvió con una taza de tilo bien cargado, y me calmó diciéndome que llamaría al Flaco para que revisara la I. A. cuanto antes.

Al día siguiente me fui a trabajar. Minerva había quedado encendida para limpiar el sótano, donde Bruno tenía su taller. Él se había llevado a Zoe a lo de su madre, ya que se había tomado la tarde libre, y me había prometido que estarían en casa antes que yo para que no tuviera que quedarme sola con el robot.  

Sin embargo, al volver, me di cuenta de que aún no habían llegado. Minerva había salido del taller y estaba junto a la biblioteca, destruyendo sistemáticamente mis libros. Una montaña de hojas de papel desgarradas le cubría los pies. Me quedé helada en la puerta sin poder creer lo que veía. Ella giró la cabeza, y por un instante nos miramos en silencio, hasta que soltó el volumen que tenía en las manos y se lanzó hacia mí.

Referencia inevitable III

Me derribó e hizo que me golpeara la cabeza contra la puerta. Creo que me desvanecí por unos segundos, porque recuerdo despertarme y sentir que alguien me arrastraba del brazo derecho por las escaleras. Tuve la suerte de tomar a tiempo la escoba, que había quedado a un lado, y le di en la cabeza a Minerva con toda la fuerza de que era capaz. Siguió arrastrándome. Volví a golpearla donde podía, tres, cuatro veces, hasta que logré que me soltara. 

Caí por los pocos escalones que había subido y me incorporé. El hombro derecho me dolía horrores, pero tomé la escoba con las dos manos y me puse en guardia. Minerva no se movió. Sólo estiró sus brazos hacia mí con una velocidad tal que apenas pude esquivarla. Las manos siguieron de largo y atravesaron la puerta. Ella permaneció inmóvil, salvo por sus brazos, que retrocedieron haciendo caer algunos trozos de madera y se volvieron hacia mí otra vez, como serpientes.

Una y otra vez siguió atacándome, y yo la evitaba como podía, defendiéndome con la escoba. Los golpes apenas le hacían mella, así que me vi obligada a improvisar. Mientras continuaba eludiendo sus embates, me las arreglé para subir las escaleras, sujetar a Minerva de los hombros y hacerme a un lado justo antes de que sus manos me alcanzaran. Se golpeó en pleno rostro y la solté para dejar que rodara escaleras abajo.

Se había dañado gran parte de la cabeza, por lo que había perdido el control de sus extremidades, pero así y todo seguía moviéndose. Sus brazos y piernas, ahora también extendidas, serpenteaban por toda la sala destruyendo lo poco que había quedado entero.

Me acerqué con cuidado y la golpeé hasta que dejó de funcionar.


Bruno llegó media hora después, con Zoe en brazos, pues se había quedado dormida. Yo estaba medio recostada en el umbral de la casa, tal como había quedado de la pelea. Había gastado la poca energía que me quedaba arrastrando a Minerva escaleras arriba hasta el dormitorio para arrojarla por la ventana a la calle, sólo para desquitarme. Algunos vecinos rodeaban el montón de metal y cables, como si eso fuera a darles algún tipo de explicación. Ninguno se me había acercado. Después de un combate a muerte con mi propio Terminator, no me sentía con ganas de conversar con nadie, y probablemente se me notaba en la cara.

Los ojos de Bruno, al ver el desastre, no podían abrirse más:
—¿Qué pasó?
—Nada –respondí—, que ni a los robots les gusta hacer las tareas domésticas.




Imágenes extraídas de:


10 comentarios:

  1. Me ha encantado. No tengo ninguna palabra sobre estilo, corrección gramatical y/o ortografía. Bueno si, una “Perfecto”.
    En cuanto a la historia que es realmente lo que a mí me interesa (Siempre busco el objetivo, no me distraigo en los medios. Aclarando por otro lado que el fin no justifica los medios…Dios que ya me enrollo) me parece francamente exquisita.
    Soy un gran fan de Asimov, sobre todo de la saga Fundación, aunque también me encantan todos los relatos robóticos. En realidad tengo varios relatos cortos en homenaje al mundo robótico, y una novela llamada Arcadia, la cual esta ideada como una precuela de la saga fundación.
    Bueno, disculpa la falta de respeto por hablar tanto de mis proyectos en este comentario.
    En definitiva hubiese sido más adecuado decirte simplemente lo que pienso. Felicidades, he disfrutado de tu gran relato.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola!
      Es un honor para mí que te haya gustado tanto, leí un par de cuentos tuyos y me encanta tu estilo :D La verdad, que éste es uno de mis cuentos favoritos, no sólo por todo el trabajo que tiene detrás, sino porque me divertí muchísimo escribiéndolo XD
      Yo también soy fan de Asimov!! Me gusta casi todo, pero mis favoritos son los cuentos de robots (estoy enamorada de la Dra. Calvin :P). Con esa descripción que le das a tu novela, me convenciste definitivamente para que la lea ;) Por cierto, tengo por ahí una precuela de Fundación del propio Asimov, se llama (redoble de tambores :P) Preludio a la Fundación. No es la gran cosa, es como más de aventuras, pero al menos entretiene.

      Y sentite libre de decir lo que quieras, no molesta para nada que hables de tus proyectos.

      Muchas gracias por comentar!!

      Eliminar
  2. Denise volviste con uno de tus fantasticos relatos y he de darte mi enhorabuena. Me encantan las referencias inevitables y soy fan absoluto de tu sentido del humor, esa última frase fue el mejor final que pudiste darle.
    El detalle de "ogareño" me gustaría interpretarlo como la ineptitud del marido ante cualquier situación. Un tipo que siempre busca la solución que menos esfuerzo fisico y mental necesite. Incluso la creación del robot se lo dejó a dos de sus amigos, él no hizo practicamente nada!

    Fue un relato corto pero tiene mucho jugo, normal que quedases finalista!

    Enhorabuena!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué bueno que te haya gustado, sobre todo porque mi sentido del humor a veces es un poco incomprensible para el resto de la gente jajajaja

      Das un punto de vista interesante del personaje de Bruno; la verdad es que, si bien no está muy trabajado (tengo que ejercitarme en eso de la construcción de los personajes), no fue mi intención que pareciera un inútil en su campo, sino un poco inconsciente o ignorante de cosas ajenas a éste, muy optimista sobre lo que hace y, por lo tanto, un poco insensible a las aprensiones de su esposa. El error fue mío, y fue dar por sentado que hay otras cosas en la contrucción de un robot aparte de diseñar y programar. Bruno, particularmente, se dedicaría a la parte electrónica.

      Siempre es bueno conocer puntos de vista ajenos, porque es lo que hace a la literatura tan interesante, y porque es una herramienta invaluable a la hora de mejorar la escritura. Me ayudaste a reflexionar sobre la construcción de un personaje, lo cual me va a servir para el relato nuevo que estoy escribiendo sobre él :D

      Muchas gracias por comentar!

      Eliminar
  3. ¡Espectacular! Me encantó. Pude imaginar bien la pelea y, el momento en que ella abre la puerta y la encuentra con los libros es genial. Yo también la hubiera golpeado por eso xD
    Muy bueno.
    ¡Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, me alegro de que te haya gustado, la parte de la pelea fue la que más trabajo me dio XD

      Gracias por comentar!

      Eliminar
  4. Pobre Minerva. Susan Calvin habría podido solucionarlo en forma menos drástica.

    Me gustan las historias de Asimov, gran personaje Susan Calvi. Y creo que Preludio a la Fundación, donde aparece Dors Venabili, un personaje fascinante, entiendo la emoción que despierta en Hari Seldon.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad que Asimov, para crear personajes, era un maestro. Powell y Donovan, por ejemplo, se roban la mitad de Yo, robot, para mí XD

      Muchas gracias por comentar!

      Eliminar
  5. Excelente relato Denise. Lo he disfrutado mucho. El estilo de tu narrativa me encanta, he leído ya varios textos tuyos y tengo tendencia a percibir en ellos una capa de humor por detrás que les da una particularidad especial, que me agrada mucho. Un humor sutil, apenas perceptible, pero único, un sello propio. En esta historia lo he notado plenamente, esta cualidad le agrega mucho a tu manera de contar, es una ventaja de la que hacés muy buen uso. De las particularidades literarias solo podría enumerar elogios.
    Te mando un gran saludo.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me hace muy feliz que te haya gustado, el humor para mí es muy importante, pero es un rasgo que no termino de controlar del todo :P Te agradezco de todo corazón los elogios, espero seguir a la altura ;)

      ¡Saludos y gracias!

      Eliminar

No seas tímid@, comentate algo!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...