22/4/15

Pequeños Grandes Literatos II: Multitareas

Hola de nuevo! Aquí les dejo el cuento homenaje a Julio Cortázar. Para conocer un poco más sobre él y el por qué de mi elección, clic en Pequeños Grandes Literatos I: Julio Cortázar. Mi objetivo con este cuento fue tratar de imitar su estilo tan particular, cosa que me parece inalcanzable; ya dirán ustedes si me acerqué o no.

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En algún momento le hubiera gustado detenerse a pensar, organizarse un poco para poder dejar, por lo menos, algo terminado y bien hecho. Pero ni siquiera era capaz de recordar cómo, en un par de horas, había terminado embrollado de tal manera. Probablemente, la culpa de todo la tenía su jefe, en aquel lejano momento en que lo detuvo mientras huía de la oficina para asignarle el informe que le correspondía a Gutiérrez. Y ni hablar de la llamada de su esposa, cuando estaba a punto de abrir la puerta del departamento, con la mochila a cuestas, tratando de evitar que el gato no se escapara, y la voz en el oído diciéndole que el tránsito en la General Paz estaba congestionadísimo y que le enviaría una lista de las tareas domésticas pendientes por mensaje de texto. 

Pero primero lo importante: calentar el agua para el mate. Dejó la maleta en una silla del comedor y fue al dormitorio a cambiarse. Luego descolgó la ropa seca. Como no tenía la menor idea de qué hacer con ella, la dejó sobre la cama. Una cosa menos. La ropa para lavar ya estaba colocada en el lavarropas, sólo tenía que colocar el jabón y encender la máquina. Dos cosas menos. 

Se sentó a revisar un poco los archivos para el informe. No entendía por qué su esposa se quejaba tanto de las tareas domésticas; a él le parecían más bien fáciles. Aburridas, pero fáciles. Lo poco que llegó a leer le pareció erróneo, pero el ruido de la pava interrumpió el hilo de sus pensamientos y la idea se desvaneció en el aire. Se levantó y se cebó un mate. Al darse vuelta para volver a la mesa, vio que el gato estaba recostado sobre las hojas de datos y mordisqueaba alegremente las esquinas. Maldito animal. A lo mejor estaba pidiendo comida. Dejó el mate y buscó el recipiente donde guardaban el alimento. No tenía la menor idea de dónde podía estar; abrió dos o tres puertas sin éxito, y terminó llenando el plato con leche, en parte porque no tenía más ganas de seguir revisando, y en parte porque quería que leer en paz lo antes posible. 

Pero el gato no debía tener hambre, o no le gustaba la leche; de cualquier forma permaneció donde estaba. Lo sacó de la mesa, fastidiado, y se sentó de nuevo. El felino volvió a subirse al mismo lugar. ¿Cómo hacía tan rápido? Lo sacó de nuevo una vez, y otra vez, y… a la cuarta se hartó y terminó dándole una patada, para que aprendiera. Cuando volviera su esposa, le diría que se deshiciera de él; al fin y al cabo, el gato era de ella. Cuando volviera… 

Apenas había vuelto a sentarse, comenzó a sonar el celular en alguna parte de la casa. El sonido lo condujo al montón de ropa limpia sobre la cama. Revolvió todo, desesperándose a medida que aumentaban las probabilidades de que el contestador desviara la llamada… Lo halló por fin, dispersas las prendas por todo el cuarto.  

El jefe quería saber si ya había comenzado con el informe; le respondió que acababa de llegar, que tenía todo el fin de semana para ocuparse. Del otro lado un bufido, un escueto “manténgame informado”, y luego silencio. 

Y el gato estaba de nuevo sobre la mesa. Lo sacó y lo encerró en el lavadero. Inmediatamente lo oyó maullar. Ya estaba de mal humor, eso era malo para la concentración. No podía trabajar así. Decidió que lo mejor era ocuparse de la casa e intentar olvidarse de la insistencia del jefe y los errores hallados en los datos.
El hombre ideal de cualquier mujer

Nada mejor para eso que encargarse de la cena. Algo fácil y rápido, como un revuelto, así de paso podía lavar los platos que habían quedado en el lavabo quién sabe desde cuándo, ya que no tenía la menor idea de lo que hacía su esposa cuando estaba en la casa. ¿Cuánto más iba a tardar? 

En el lavadero, el gato había dejado de maullar. Un poco más tranquilo, sacó de la heladera todo lo necesario. Lo que más tiempo le llevó fue encontrar la lata de arvejas, que al final estaba escondida en el fondo del estante más alto de la despensa. Un movimiento detrás de él lo hizo darse vuelta: el gato se había escapado. ¿Cómo hizo? ¿Los gatos saben abrir puertas? Con la lata todavía en una mano volvió a bajarlo de la mesa; se distrajo leyendo el archivo y confirmó su sospecha. Los datos habían sido mal tomados o mal escritos; consideró necesario informarlo inmediatamente al Departamento de Estadísticas para que se ocuparan de ello. 

Dejó la lata, tomó su notebook y la encendió. Algo en la cocina lo distrajo: el gato estaba subido a la mesada, olisqueando con curiosidad, pero sin tocarlo, el paquete de jamón cocido. Lo hizo bajar, limpió la mesada, se lavó las manos y decidió ponerse a cocinar antes de que el animalito decidiera que el jamón era una comida más apetitosa que la leche que había quedado de adorno en el plato.

Lavó, peló y cortó todo lo que había que lavar, pelar y cortar, y lo puso en la sartén con los huevos y los condimentos. Ya más tranquilo, decidió que lo mejor era ponerse a lavar los platos mientras pensaba en el modo más diplomático de escribir el mail para el jefe de Estadísticas. El principal problema era que el gato había vuelto a la mesa para comerse los archivos; debía estar hambriento; si tan sólo supiera dónde estaba el alimento para dárselo y que se quedara tranquilo un rato… pero el revuelto se estaba pegando, había que dejar los platos y revolverlo un poco. Sacó al gato de la mesa otra vez y retomó la notebook. No había pasado de la dirección cuando recordó cerrar la canilla, otra vez revolver la comida, y sacar al gato de la mesada.

Señor Jefe del Departamento de… Sonó el celular; era el jefe de nuevo. Quería saber por qué todavía no había recibido noticias del informe; mientras revolvía de nuevo el contenido de la sartén y alejaba al gato con un pie para que no se subiera de nuevo, le explicó el asunto de los errores. Que no, que no era grave, pero mejor si escribía de inmediato para que el problema fuera resuelto, así podrían enviarle los archivos corregidos por mail y el informe sería entregado a tiempo. El gato se fue debajo de la mesa, por lo que pudo sentarse a continuar en la notebook mientras el revuelto seguía haciéndose. Pero ella ya estaba tardando mucho. Quizás era demasiada cantidad para ese tamaño de sartén. Que no, que el mail lo escribiría él, que lo dejara terminar de lavar los platos y ocuparse de la comida porque el gato estaba escondido quién sabe dónde y hacía rato que no tenía noticias de su esposa. 

Y con las quejas del jefe en un oído, el gato que parecía estar en todas partes al mismo tiempo, el revuelto que no se hacía y la mitad de los platos sin lavar, ya no sabía lo que hacía, lo que decía, ni lo que pensaba; y así, creyendo revolver la comida, hablar por teléfono, y escribir el mail, resultaba que revolvía el mail y hablaba con el gato; o escribía un revuelto, vigilaba los platos y lavaba al jefe; o hablaba con el revuelto y lavaba el mail; y en medio de toda la confusión, apenas le alcanzaba para preguntarse cómo hacía su esposa para ocuparse de todo a la vez;  pensándolo mejor, cuándo llegaría, o incluso, en un último instante de lucidez, si no estaba tardando a propósito para desquitarse porque decía que él nunca se ocupaba de la casa.

Imagen extraída de http://umeandthekids.com/new-years-resolution-ideas/

4 comentarios:

  1. Hola Denise, he necesitado hacer muchas maniobras con la administración del tiempo, así que poco a poco, entre ratos libres, he venido leyendo los relatos de tantos compañeros en "Literautas" y visitando los Blogs. Tengo mucho por aprender. Me agrada haber tenido la oportunidad de visitar esta tu página y conocer un poco de tu obra.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Bueno, eso sí que es un trabajo arduo. Espero que lo disfrutes! Y te agradezo la visita y el comentario, espero leerte por acá de vez en cuando XD

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  2. MUY BUEN TEXTO. Las descripciones me encantaron y el final algo cómico me resultó ingenioso. Se puede ver a este hombre sufriendo por la vida cotidiana mediante lees el texto.

    ¡Otra vez lo hiciste Denise! Nos leemos ♥

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    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado. Tenía la idea del final desde hace un tiempo y pensaba convertirlo en un micro, pero después se me ocurrió que daba para escribir algo à la Cortázar jajaja

      Gracias por leer!

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