5/4/15

Alegoría de la Fama III

C. Valerio Flaco, Argonáuticas, II, vv. 107 - 126

Y ya era el día. El jefe de Lemno, que había derrotado 
a los tracios con las armas, osando construir naves con junco delgado
y defender el enrejado con piel puesta encima,
por los mares trae de vuelta alegres señales, y alegres movían las naves                           110
llenas de ganado y mujeres jóvenes.  Y <hay> ropa extranjera
y guirnaldas en la decoración del lugar. 


                                                            Suena en el mar un clamor:
"Oh, patria, oh, esposa inquieta ahora por preocupaciones varias, 
estas esclavas te traemos como botín de una larga guerra",
cuando la diosa se adelanta, furiosa, en una nube negra como la paz, por el cielo claro,    115
y busca a la Fama en la sombra errante,
a la cual, que canta cosas dignas e indignas y esparce el temor,
el padre omnipresente la mantiene alejada de las tranquilas regiones 
del éter. Ella, bramando, habita bajo el límite de las nubes,                                               120
ni diosa del Érebo ni del polo, y fatiga las tierras a 
las que le es dado. 
                              Los primeros la desprecian, a la que se atreve,
y la favorecen. Pronto conduce a todos y conmueve a las ciudades, movida su lengua.
A tal agente del crimen y el engaño busca la diosa, deseándola
para sí. La ve ella la primera, y ya anda corriendo al otro lado,                                         125
impaciente, y ya prepara la boca y anima los oídos.


Imagen extraída de http://www.maicar.com/GML/Pheme.html

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