22/2/15

La profecía de Nereo

Q. Horacio Flaco, Odas, I, XV

Como el pastor arrastrara, pérfido, por los estrechos, 
con sus naves ideas, a su anfitriona Helena,
con calma enojosa detuvo los rápidos 
vientos Nereo, para cantar espantosas

profecías: "Con mal agüero conduces a tu casa 
a la que Grecia reclamará con muchos soldados, 
conjurada para romper tus nupcias 
y el antiguo reino de Príamo.

¡Ay, ay, cuánto sudor se presenta a los caballos,
cuánto a los varones! ¡Cuántas muertes provocas a 
la estirpe dardania! Ya Palas, yelmos, égida, 
y carro y rabia prepara.

En vano, altivo por el favor de Venus, 
peinarás tu cabellera y entonarás poemas
gratos a las mujeres con una cítara apacible.
En vano, en tu lecho, las pesadas

lanzas y las espinas de la caña de Cnossos
evitarás, y el estrépito, y a Áyax, rápido
en perseguir; sin embargo ¡ay!, tardío tus adúlteros 
cabellos con polvo mancharás.


¿No ves al hijo de Laertes, desastre para tu 
estirpe, no ves al pilio Néstor?
Te acosan, impávidos, el salamino
Teucro, Esténelo, sabio para

la lucha, o, si es necesario actuar con caballos,
auriga no perezoso. También a Merino
conocerás. He aquí que se enfurece por hallarte el feroz
hijo de Tideo, mejor <guerrero> que su padre;

del cual tú, como el ciervo del lobo visto
en la otra parte de valle, olvidado de su gravilla,
huirás, cobarde, con tu último aliento.
No era esto lo prometido a tu <prometida>.

Para Ilión y las madres de los frigios, el tiempo
alargará la furiosa flota de Aquiles;
después de determinados inviernos, quemará el fuego
aqueo las casas troyanas." 

Imagen extraída de http://www.lasalle.es/santanderapuntes/arte/grecia/escultura/helenistico/laoconte_caballo_troya.htm

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