14/12/14

Sin título (cuento)

Holas! Me atrasé un poco, pero aquí estoy con el cuento de la edición de noviembre del taller de Literautas. El reto consistía en escribir un relato de miedo. No quiero explayarme demasiado, así que diré que lo pensé durante doce días y lo escribí en dos. Y he aquí el resultado.



No hay forma de salir de la casa. La poca luz del último sol de la tarde que se cuela por las persianas no te deja fijar la vista; todo está sumido en la penumbra.


Te acurrucaste en el rincón más oscuro de la cocina, los ojos bien abiertos y los oídos atentos al menor sonido… Pero la oscuridad avanza, y el silencio es tan denso que llegás a distinguir el suave crepitar de las patas de las cucarachas.

Tal soledad te tranquilizaría si no tuvieras la certeza absoluta de que ella está cerca, rondando por la casa, buscándote. Te preguntás por décima vez por qué carajo se te ocurrió venir a ver cómo estaba. ¿Y cómo iba a estar?, pensás de nuevo. Cada vez peor, te respondés, es una adicta perdida, ¿no ves cómo está la casa? No tiene luz ni teléfono. Ya no tiene remedio, y ahora te busca para arrastrarte con ella.

La vaga sombra de una rata te pone los pelos de punta. El olor de la basura desparramada ya es suficientemente asqueroso, y encima eso. Necesitás llegar a la puerta de calle como sea, pero ¿cómo esquivar todo lo que hay tirado en el piso?

A lo lejos te parece oír un crujido. Se te ocurre que debe estar en el piso de arriba. Te incorporás con lentitud y das un paso tratando de no hacer el más mínimo ruido. Entre los restos de un plato roto y un montón de envoltorios de caramelos, sólo te queda espacio para la punta del pie. Rezás para que no pase una rata justo cuando levantás el otro pie y lo apoyás por completo al lado de una bolsa llena de papeles de diario. Todo en un silencio absoluto. Vas bien.

Justo antes de comenzar a dar el segundo paso, un ligerísimo suspiro te paraliza: está del otro lado de la entrada de la cocina. Ves que su rostro asoma de la oscuridad total del living a la luz del farol de la calle que entra ahora por la ventana y se te pone la piel de gallina: dos ojos rodeados por unas profundas ojeras parecen salirse de las órbitas al girar de un lado a otro; sus labios secos esbozan un rictus que, junto con las mejillas hundidas y espectralmente pálidas, más el cabello desordenado y pajoso, le dan un aspecto siniestro. Los ojos se detienen al verte y una voz cavernosa rasga el silencio que te envolvía:

-¿Amor?

La visión dura apenas un instante; en cuanto te ve se desata el pánico en tu mente, y ya no pensás sino en huir, huir a donde sea y sin mirar atrás. En la ceguera te llevás por delante todo lo que se atraviesa en tu camino: vasos, ropa, sillas, cajas… Te parece sentir su respiración en tu nuca; de pronto estás en el lavadero y de alguna forma recuperás la imagen de la puerta del fondo, la que da al patio.

Ya estás a cinco pasos; tropezás con la aspiradora, lográs mantener el equilibrio, y cuando tus manos por fin llegan a la puerta, tirás del picaporte y descubrís con horror que está cerrada con llave.

Te das vuelta con la esperanza inútil de que ella no esté ahí. Pero está, se te acerca despacio y con la mirada perdida te alcanza un papel y te dice:

-¿No querés leer el cuento que acabo de escribir?

Pensando la escena de Literautas: "Busco el hacha, y..."

Para leer la versión original y los comentarios que recibió, clic aquí.

Imagen extraída de: http://taxi11.blogspot.com.ar/2013/07/the-shining-1980-brrip-vose.html

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