29/6/14

Una noche en la biblioteca


Mi primer trabajo en base a los disparadores creativos de Cafetera de Letras (edición de marzo).

Largamente obsesionada con el manuscrito, la joven filóloga decidió robarlo esa misma noche. No podía soportar la idea de separarse de él, aunque fuera hasta el día siguiente. 

Permaneció en la biblioteca todo el día trabajando en su tesis hasta el horario de cierre. Se escondió en un rincón aislado del piso superior, y esperó paciente. Engañar a la encargada del tesoro había resultado muy fácil. La adrenalina le latía en las sienes cuando el lugar se sumió por fin en la oscuridad. Salió silenciosa de su escondite y, abrazando el manuscrito contra el pecho, se encaminó con paso decidido hacia una ventana a medias oculta que había dejado entreabierta. 

Durante unos instantes, sus tacos resonaron en el laberinto de los pasillos, cuando de pronto, al llegar a una bifurcación, desconoció el camino. Hacía seis meses que visitaba la biblioteca todos los santos días, ¿cómo era posible que se perdiera? 


Sin saber qué hacer, se dio vuelta con la intención de retroceder al punto de partida para tratar de orientarse, y consternada vio que los pasillos habían cambiado. Eran otros, como si de la nada se hubiera transportado a otra parte del edificio. 

Alarmada, comenzó a caminar al azar, y cada vez que volvía la vista por un lugar que ya había recorrido, se encontraba con otro. Por momentos, sentía un ligero soplo de aire, quizás de la ventana que la esperaba, pero cada vez provenía de una dirección diferente. Volteaba la cabeza a un lado, a otro, y a otro, y siempre se encontraba en un lugar distinto del que se suponía que debía estar.

Sintió los mareos del vértigo sin darse cuenta del camino que seguían sus pasos erráticos. Los estantes, el techo, las escaleras; todo comenzó a contorsionarse a su alrededor, todo se le venía encima. Una sola idea creció, nítida en la oscuridad de su terror: huir, huir de allí, no importaba a dónde ni cómo. Se echó a correr sin mirar a su alrededor, sin sentir que ahora, hasta el piso por el que corría ondulaba bajo sus pies. Llegó al puente que unía las dos alas de la biblioteca, perdió el equilibrio e intentó aferrarse a la baranda, pero una onda que la seguía la arrojó con fuerza por encima. Una caída silenciosa;  luego, la nada.

Al día siguiente, la encargada del tesoro encontró a la filóloga muerta, con el manuscrito aún entre las manos. La biblioteca ya se había cobrado a la tercera víctima del año, pensó la anciana. Si seguía así tendría que eliminar el libro del catálogo. Tomó el volumen con delicadeza, caminó sin prisa hacia la vitrina donde se guardaban los libros más raros y peligrosos, lo colocó bajo la N, cerró con llave la puerta de la sección del Tesoro. Sólo después fue hasta el teléfono y llamó a la policía.


Imagen extraida de http://misterios.co/2011/03/16/libreria-lello-e-irmao-el-paraiso-de-los-libros/

4 comentarios:

  1. ¡Encantada de leer esta entrada! Ya estás enlazada al blog. :D Espero que continúes participando.

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  2. ¡El poder oculto de los libros! El saber arcano que no estamos preparados para conocer y que, quizás por eso, provoca la muerte de quien trata de conseguirlo. Muy buen relato y de ágil lectura. Me gustó especialmente como describes la biblioteca y su transformación de algo cotidiano a algo grotesco.
    Saludos

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  3. Y esto es lo que sale después de leer mucho Lovecraft jajajaja! Me alegro de que te gustara, la gradación en el cambio es lo que más trabajo me dio, pero quedé bastante conforme.
    Gracias por comentar!

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