17/6/14

A prueba de niños


Mi participación en la Escena nº 12: Muy, muy quieto 
(clic en el enlace para ver la consigna)
Para ver la versión original y los comentarios recibidos, clic aquí.

            Las nueve de la mañana. Restregándose los ojos, se paró a un lado de la entrada al mausoleo y adoptó posición de firme. Era su primera vez como guardia, y estaba un poco nervioso. Su trabajo era permanecer inmóvil dos horas; el día anterior le había parecido algo fácil, pero su compañero le había dicho que no, que los pibes lo harían cambiar de idea.
            La primera excursión llegó a los diez minutos.

   
        
            En la escalinata de la Catedral, la señorita Eliana reunió a sus alumnos y les habló seria:
            -Bueno, chicos, miren que esto es una iglesia y hay gente rezando, así que pórtense bien y hablen bajito, ¿sí?
-Seño, me aburro, ¿no podemos ir a la plaza?
-No, Manuel, vamos después.
-¡Seño! ¿Vamos a ver a los gendarmes?
-Granaderos, Oriana; sí, los vamos a ver.
-¿Qué son los gendarmes, seño?
-Granaderos, Pedro, son los soldados de San Martín. Ahora…
-¡Pero deben ser re viejos!
-Ay, Pedro, son otros, no son los mismos. Ahora hagan dos filas y sean buenos.

Impresionados por la imponencia del lugar y el silencio, el grupo se quedó tranquilo los primeros cinco minutos. Pero pronto vieron a los granaderos y se desbandaron. La señorita Eliana buscó con la mirada a la madre de Maia, elegida para acompañarlos, pero no la encontró. Se había quedado en la escalinata, ocupadísima como estaba con el celular. La maestra se volvió a sus alumnos: dos grupos desiguales se habían reunido en torno a los muchachos; el que más atraía su atención era el más jovencito. Trató de llamarlos, pero en voz baja no podía hacerse oír:
-Chicos, déjenlos en paz. Chiiiicoooooos…
-Hola, ¿cómo te llamás?
-Creí que eran más altos…
-¿Cómo hacés para quedarte así de quieto?
-Parecés una estuata.
-¿Y estás así todo el día?
-¿Cuándo vas al baño?
-¿Por qué no hablás?
-Seño, seño, ¿por qué el gendarme no se mueve?
-Es un granadero, Maia…

Se movían demasiado alrededor del pobre, la señorita Eliana temía que alguno cediera a la tentación de tocarlo.
-Vamos, chicos, vengan; dejen tranquilo al gendarme, ¡granadero!
Pero sólo obedecieron cuando la madre de Maia, por fin se dignó a aparecer:
-Chicos, vengan conmigo, vamos a ver la tumba de San Martín; si le hacen caso a la señorita Eliana, les compro helados a todos.
Al oír la palabra mágica, los  niños se olvidaron al punto de los granaderos y rodearon a las dos mujeres. El resto de la excursión transcurrió en paz.

Cuando los vio irse, suspiró aliviado. Apenas notó que la pequeña Oriana se daba vuelta para saludarlo. Se preguntó si sería así todos los días, calculó el tiempo que faltaba para el cambio de guardia: ¿una hora y media, y cuarto quizás? Y pensar que aquello había sido sólo el comienzo…
Pronto comenzaron a llegar más grupos, uno detrás del otro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

No seas tímid@, comentate algo!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...