24/5/14

Historia Compartida - Parte V por Denise

            Parte I por Moria Puch
            Parte II por Lilim
            Parte III por Aurora
Parte IV por Sebas Cano (cortesía de Aurora)

Corrieron hasta quedar sin aliento, pero ni aun así sintieron que se habían alejado lo suficiente de esos árboles de pesadilla. Se detuvieron para recuperarse y se sentaron, ocultos a medias en un pajonal.

 -Deberíamos… volver… a casa… -comenzó a decir Gianfranco entre bocanadas de aire. Su hermano respondió mirando a su alrededor:
            -¿Para qué? ¿Para decirle a Mamá que a la vaca la mató un chupacabras?
            -Y qué sé yo, pero no nos podemos quedar acá, Gino.
            -¿Y si nos sigue hasta la casa?
            -No sé… ¿Qué hacemos entonces? ¿Cazarlo nosotros?

            Antes de que Gino pudiera opinar al respecto, el lejano grito de un chajá los puso en alerta: alguien se acercaba. Dos pares de ojos se asomaron apenas por encima de los yuyos, pero sólo pudieron distinguir un punto oscuro que venía hacia ellos. Una ráfaga de viento trajo el hedor que ya conocían, y se pusieron de pie de un salto. Gian apuntó con la escopeta y esperó, la sangre latiendo enloquecida en las sienes. La criatura corría en línea recta hacia donde estaban, a veces en cuatro patas, a veces en dos. 

            Cuando ya estaba a veinte metros, más o menos, el pequeño disparó. Era difícil apuntar a la cabeza con esos cambios de postura, pero se las arregló para darle en el pecho y refrenarlo un poco. Una, dos, tres veces… Tuvo que usar todas las municiones que había cargado antes de lograr derribarlo.

            Durante unos segundos el silencio de la llanura lo dominó todo. Los hermanos se miraron, y Gino avanzó un paso.
           
            -¿Qué estás haciendo? –preguntó Gian mientras volvía a colgarse el arma en la espalda. -¿Estás loco?
            -Quiero asegurarme de que esté muerto. Dame el rifle. –respondió Gino alargando la mano. Gian se lo dio sin entender,  y lo vio caminar con cautela y detenerse a cinco pasos del cuerpo.
           
            Lo que el adolescente vio lo dejó sin palabras. De lejos le había parecido un caballo, pero ése era el aspecto general. El cuerpo era largo y robusto, tenía una forma humanoide y estaba totalmente cubierto de pelo corto, de un color entre pardo y castaño. Las patas eran como de animal, pero las garras no se parecían a nada que hubiera visto en su vida, unos dedos cortos de aspecto huesudo con enormes uñas afiladas. Sin embargo, lo más impresionante era el rostro. Una cabeza alargada como la de un caballo, pero con rasgos vagamente humanos y la boca llena de unos colmillos bastante grandes. No tenía barba ni nada por el estilo, aunque sí algo de cabello, débil y ralo, que descendía por el cuello y la espalda a lo largo de la columna.

            Tragándose las ganas de vomitar, Gino se estiró hacia el cuerpo y lo tocó un par de veces con la punta de la escopeta. Hizo una pausa y volvió a tocarlo. El bicho no se movió.

            -Creo que está muerto –dijo.

            Gianfranco se acercó y se asomó por detrás de su hermano, tapándose la nariz con el borde de su remera.

            -¿Estás seguro? –preguntó.
            -Creo que sí –respondió Gino –. No sé qué es, pero seguro que no es un chupacabras.
           
            Se quedaron mirando el cuerpo unos segundos. Al fin, el pequeño volvió a hablar:
           
            -¿Vamos a casa ahora?
            -Tenemos que buscar a alguien para mostrarle esto y que nos ayude a llevarlo. A lo mejor algún gringo lo quiere comprar.

            A Gianfranco la idea no le gustaba nada; la tensión del encuentro, la vista de la criatura y el olor no le permitían pensar, y no podía encontrar un argumento para oponerse a la idea de su hermano; por lo demás, la idea de venderlo era razonable. Se vio obligado a aceptar. Esperó con aire ausente mientras Gino le cortaba una oreja al bicharraco, y lo siguió como un autómata hasta el pueblo.

            No se habían alejado diez pasos, cuando el murmullo de movimientos en el pasto los hizo darse vuelta.

Parte VI por Ichabod Kag
Parte VII por José Torma 
Parte VIII por Fernando Sanz Félez 
Parte IX por María Od 

8 comentarios:

  1. que emoción!! estás inaugurando el blog con la historia compartida?? ^^
    je, hasta el momento eras la escritora de la historia que más palabras a usado. bravo! estamos a mitad de camino y la cosa se pone interesante.. a ver quien se anima a continuar
    un abrazo, nos leemos!
    Sergio Mesa / forvetor
    http://miesquinadelring.com/

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  2. Si ahora no hay problema, me pido la siguiente parte :)

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  3. Listo, Ichabod, la posta es tuya!

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  4. Se lo dije ya a Sergio y siento lo que te dije de que me daba la sensación de que cerraste la historia. Después de leerlo un par de veces con las partes anteriores me encaja a la perfección y tengo que felicitarte por esta continuación en la que los dos protagonistas recuperan parte de la ingenuidad propia de su edad y dejan de ser dos niños crecidos prematuramente.
    Ahora, a ver cómo sigue Ichabod.

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  5. Bueno, gracias! La verdad que me importaba mucho que se sintiera la conituidad, y cada vez que retomaba la escritura, primero releía todo lo previo XD

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  6. Olvidaba ponerlo aquí. Ya está lista la sexta parte y el señor Torma se encarga de la séptima
    http://beyond-kag.blogspot.mx/2014/06/historia-compartida-vi.html

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  7. Hasta ahora, ésta es la parte que más me ha enganchado. Felicitaciones, dejaste la historia en un punto bien interesante!!!

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  8. ¡Que susto das! A mí no me daba buena espina que estuviera muerto.

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